Martes 05 de febrero de 2019.- Millones de chinos dieron hoy la bienvenida al Año Nuevo lunar con numerosos festejos para celebrar la llegada del despreocupado y generoso cerdo, duodécimo símbolo del horóscopo, que sustituye al alegre pero inconformista perro.

En plena madrugada, cientos de creyentes, simpatizantes y curiosos se acercaron al Templo del Lama en Pekín para acompañar a los monjes tibetanos en sus ofrendas y oraciones, componiendo una de las ceremonias religiosas más icónicas de las que se celebran en todo el país para recibir al nuevo año.

Los feligreses, pese a temperaturas que rozaban los 10 grados bajo cero, esperaban pacientemente su turno para acceder al recinto, prender sus varillas de incienso y reverenciar a las deidades budistas que adornan el santuario, de inspiración tibetana.

A escasos metros, en el Templo de la Tierra, se organizó una ofrenda que emulaba las que los emperadores hacían durante siglos a la llegada del nuevo año: actores disfrazados de soldados de la dinastía Qing escoltaron a otro encarnado en emperador amarillo, que encendió incienso y se arrodilló en un gran altar para el rezo.

Entre las prácticas figuran limpiar las casas a fondo, decorar las calles con farolillos de color rojo y celebrar grandes banquetes durante la víspera del Año Nuevo.

Otra de las tradiciones es la de lanzar petardos y fuegos artificiales, encendidos para ahuyentar malos espíritus, aunque en grandes urbes como Pekín ya no pueden escucharse porque fueron prohibidos a fin de evitar mayor contaminación y por razones de seguridad.

Con la prohibición, puesta en marcha en 2018, Pekín puso fin a doce años en los que los fuegos artificiales sí estuvieron permitidos en prácticamente todas las calles, lo que causó grandes incendios como el que en 2009 arrasó un rascacielos de la ciudad, el Hotel Mandarin Oriental.

Excelsior