“Una persona perfeccionista es aquella que en todo momento está sufriendo y fomenta su inseguridad, ya que quiere llegar a una perfección tal que, o cree que la consigue o no dará por terminada la acción que realiza. Lo normal es que pierda tanto tiempo en realizar acciones cotidianas que tenga que descuidar su vida personal”, explica Fernando Miralles, profesor de Psicología de la Universidad CEU San Pablo. Por ejemplo, y según casos reales de la consulta de este profesional, una persona lleva estudiando una oposición 12 horas diarias y finalmente, no se presenta el día de la prueba porque piensa que no ha repasado lo suficiente, cuando en realidad lleva meses haciéndolo.

TESTIMONIO
Desde que me acuerdo nunca me gustó mi vida, siempre me sentí diferente a los demás, pensaba que todos eran mejores que yo y eso me hacía sentir triste, no podía salir a jugar con los demás niños porque me daba miedo no saber las reglas del juego, por eso, sólo los observaba, pero por cada cosa que entendía, había dos o más que no sabía por qué las hacían. Todo se me hacía muy difícil, sentía que al equivocarme los demás me mirarían con ojos de rechazo, que se burlarían de mí por tonto, entonces casi siempre me alejaba de mis compañeros de salón, y por eso me sentía muy solo.

Todo de mí se me hacía muy poca cosa, me daban vergüenza mi familia, mis costumbres, mi casa, hasta el perro, no quería que nadie supiera sobre mi vida, me preocupaba demasiado como me veían mis compañeros. Quería que todo hubiera sido perfecto en mi vida, entonces cuidaba hasta mi forma de caminar, de hablar, incluso de pensar, no me gustaba escuchar nada de ellos, nada malo, por eso tampoco hablaba tanto, pero sí quería platicar.

En general me sentía como atrapado en mi vida, siempre tenso, cansado, imaginaba demasiado en cómo me gustaría mi vida, teniendo los juguetes de moda, viviendo en una casa bonita, teniendo un carro nuevo, pensaba que así sería feliz, yo solo quería ser normal.

Llegó un momento en el que ya no pude salir de mi casa, me sentía tan frustrado porque no podía acercarme a una chica que me gustaba, ni a la cara la veía cuando la tenía cerca, me enfadaba terriblemente conmigo, “qué tonto eres” pensaba, en esos momentos prefería estar en mi cuarto viendo la televisión y pensando que sería mejor estar muerto, que mi vida no valía nada, que era una desilusión para la familia, perdí las ganas de vivir, ya no me bañaba, no me interesaba la escuela, además que ya ni entendía que decían los maestros.

Siempre estaba molesto, a mi familia la trataba muy mal, sobre todo a mi hermana y mi mamá, llegué a agredirlas de una manera muy fea, me tenían miedo, lo cual me hacía sentir miserable.

Fue entonces cuando conocí el Movimiento Buena Voluntad 24 horas de Neuróticos Anónimos, estando en la escuela me sentía muy mal, un día, llegó una persona de la agrupación con un folleto y pude darme cuenta que no era la única persona que sentía esas cosas, me di la oportunidad de conocer una junta pública de información y desde ese día estoy militando en el Movimiento. Me he sentido muy bien desde entonces, empecé a dejar mis exigencias de perfeccionismo, a tolerarme y a tolerar a los demás, dejó de importarme tanto lo que los demás pensaban de mí, y sentí que por fin mi vida tenía sentido.

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Fuente: http://www.elmundo.es/salud/2015/08/18/55d2304246163f400c8b4598.html
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